Presentación

La segunda mitad del siglo XX ha sido testigo de una serie de cambios fundamentales en el paradigma científico vigente. De un positivismo inicial que confiaba plenamente en el acceso directo a la realidad, se ha pasado a un relativismo que cuestiona las bases mismas del conocimiento científico y se pregunta por el papel del investigador como agente activo en la construcción de versiones de la realidad. El desarrollo de la lingüística aplicada es precisamente producto del contraste de modelos teóricos con la práctica real, y esta puesta en práctica ha resultado en una doble vía que, de un lado, aprovecha el desarrollo de herramientas tecnológicas con aplicaciones específicas para el uso o la investigación del lenguaje en su contexto real, dando lugar a nuevas áreas (procesamiento del lenguaje natural, lingüística de corpus, lingüística forense, minería de datos, etc.) que aplican métodos empíricos de análisis; de otro lado, la misma práctica revela hasta qué punto el lenguaje es inseparable del propio proceso de construcción de la realidad.

En la actualidad, el potencial que se vislumbra en el ámbito de la lingüística aplicada es prácticamente ilimitado debido al desarrollo exponencial de estudios basados en la observación y análisis empírico de las lenguas. La tecnología sigue abriendo nuevos campos, pero también las limitaciones tecnológicas afectan a la metodología condicionando las posibilidades reales de acceso a la información; además, la conjunción entre práctica empírica y teoría no es siempre fácil en un momento en el que la objetividad de los análisis se ve cuestionada desde un punto de vista relativista, mientras que, por otro lado, también se cuestiona la validez o fiabilidad de las interpretaciones críticas no basadas estrictamente en datos empíricos contrastables.

Este vertiginoso desarrollo ha motivado que en el momento actual dispongamos de una ingente cantidad de información, y es el momento adecuado para hacer un balance de cuáles son los logros alcanzados y reflexionar sobre los retos que plantean estas cuestiones para el desarrollo de la lingüística aplicada en este siglo XXI. Calibrar el impacto de las herramientas tecnológicas, evaluar las asimetrías en el acceso a la información, sistematizar el conocimiento disponible y ayudar a resolver el no fácil conflicto entre empirismo y relativismo, son algunos de los retos que se proponen para esta nueva edición del Congreso de AESLA.